Gobernanza Marítima Peruana de los años 60 y 70
Columna: Okeanos
Nota. Adaptado de Balsa de Guayaquil [Grabado], por Jorge Juan y Antonio de Ulloa, 1748, Biblioteca Nacional de España. Dominio público.
Por: Marco Roncagliolo
Gobernanza Marítima del Antiguo Perú
Expedición de Tupac Yupanqui a Oceania
Alrededor de 1465 Tupan Yupanqui partió del Tahuantinsuyo. La expedición estuvo compuesta por 2220 participantes y 148 embarcaciones. Las balsas víveres servirán de relevo y de transbordo para casos de emergencia. (Del Busto, 20 , p. 29)
Tupac Yupanqui era el décimo Inca y segundo emperador del Tahuantinsuyo. Nació en Cusco por el año 1440 de Pachacutec y la coya Mama Anahuarque. Ascendió al trono en 1471 y murió alrededor de 1485. Se casó con su hermana Mama Ocllo. Con ella tuvo pocos hijos, pero dejó 150 hijos con sus esposas y concubinas. Falleció en Cusco y su Mallqui o momia sobrevivió hasta el año 1531 (p.16).
La conformación de la armadilla fue producto de la noticia de un Antarqui quien viajó a las islas. Tupac Yupanqui decidio a ir a ellas, nombro a los capitales Huaman Achachi, Conti Yupanqui y Quihuar Tupac, quienes eran de Hana Cusco, y a Yanan Maita, Cachi Mapaca, Macus Yupanqui y Llimpita Usca Maita, todos de Hurin Cuscos. Cree el historiador Juan Antonio del Busto que 2000 individuos y alrededor de 133 balas mayores (Del Busto, pp.25-29)
Las grandes balsas, pesadas y de navegación lenta, se utilizaban en la costa ecuatorial por el norte y en Pacasmayo por el sur. Estas embarcaciones cumplían funciones diversas: pesca, guerra, transporte de pasajeros y comercio de mercancías. Eran construidas con madera de mangle o del árbol conocido como lampa, y alcanzaban dimensiones de quince a veinte varas de eslora por ocho o nueve de manga.
Sus componentes principales incluían el mástil o arboladura, que sostenía una vela y un tirante. La vela, de forma cuadrangular o trapezoidal, estaba confeccionada con hilos gruesos de algodón. Otro elemento esencial era la caseta, cuya función era proteger a los tripulantes del sol, el frío, la lluvia y las salpicaduras del mar, además de servir como dormitorio.
La ausencia de timón se suplió con guardas, que también contribuían a mejorar la velocidad de la embarcación. La despensa se ubicaba en la proa, junto a la cocina. Las anclas, conocidas como potalas, eran de piedra, y el cordaje o jarcia se elaboraba con fibras de henequén (pp.39-47).
El asentamiento breve del Inca en las islas de Oceanía. En Mangareva existe una leyenda del rey Tupa. El rey de piel rojiza llamado Tupa llegó con una flota de balsas “pae pae”. A su llegada con la balsa real, conforme a otra leyenda, el rey Tupa abrió un canal denominado “Te Ava mi o Tupa”, el Gran Canal de Tupa. Al desembarcar en la isleta, el Rey construyó un “marae” o altar, en honor al Dios Sol. Finalmente, Tupa regresó a la “Takere no te henna”, la tierra donde nació el sol, una alusión al Tahuantinsuyo (pp.82-87).
Otra demostración de la presencia inca fue en la isla de Pascua, hoy conocida como la Isla de Fuego. Los isleños utilizan flotadores similares a las balsas de totora del lago Titicaca. También la construcción del “ahu Vinapu” nos recuerda a las ruinas de Sacsayhuaman. Las piedras de gran tamaño, encajadas con precisión, presentan un estilo indiscutiblemente incaico. Además, la leyenda de Ohu, una joven isleña llevada por el "May una te Raa" (Hijo del Sol), que podría ser Túpac Yupanqui, y su posterior añoranza por Rapa Nui refuerzan esta conexión.
El otro inca que aplicó la gobernanza oceánica Inca fue Tupac Yupanqui. El inca conformó una expedición hacia las islas de Oceanía y las islas de Pascua. Alrededor de 1465 partió el Inca Tupac Yupanqui con su armadilla compuesta por 2220 participantes y 140 embarcaciones, entre ellas unas grandes barcas. Entre los participantes estabas los capitanes que el Inca nombre Huaman Achachi, Conti Yupanqui y Quihuar Tupac, quienes eran de Hana Cuscos, y a Yanan Maita, Cachi Mapaca, Macus Yupanqui y Llimpita Usca Maita, todos de Hurin Cuscos. Al llegar a Oceanía, en la isla Mangareva se construyó un marae o un altar al dios Sol y en la isla del Fuego en Pascua se construyó el Ahu Vinapu, una construcción que hace recordar a Sacsayhuaman. Sumado a las leyenda del rey Tupa que trata sobre la llegada del rey Tupa a la isla Mangareva con su gran balsa abrió un canal y construyó un marae o altar y la leyenda de Ohu, una chica que el Inca se llevó como esposa al Tahuantinsuyo. Estos son muestras de la expansion del Tahuantinsuyo hacia el océano Pacifico, Oceania para ser mas específico.
Gobernanza Marítima de la República del Perú
Nota. Adaptado de Luis Banchero Rossi y la flota pesquera [Fotografía], ca. 1960, Archivo Histórico del Diario El Peruano. Dominio público.
La gobernanza marítima peruana en las décadas de los 60 y 70 se caracterizó por la transformación de la industria pesquera y la intervención del Estado. A mediados de la década siguiente, la anchoveta sustituyó al atún como el producto principal, y apareció la harina de pescado como el eje exportador por excelencia de la pesquería peruana (Zapata, 2018, p. 126).
Durante los años cincuenta, inició la primera etapa de una pujante industria pesquera que transcurrió hasta la estatización por el gobierno militar en 1973. En este periodo, emergió una nueva capa industrial compuesta por pequeños capitales nacionales que, formados en diversos negocios previos, se zambulleron en el mar al empezar el boom pesquero de los años cincuenta. Su prototipo fue Luis Banchero Rossi (Zapata, 2018, p. 127).
Los pesqueros nacionales lograron dominar el mercado mundial de la harina y el aceite de pescado durante los años sesenta. En esa década se produjo un crecimiento desmesurado de la industria de la anchoveta; la flota aumentó y alcanzó, sin precisión en el texto de origen, unas treinta millones de toneladas (aunque las capturas anuales sumaban diez a doce millones). Este crecimiento desordenado y muy rápido fue financiado por un sistema bancario que pensó hallarse ante una fabulosa veta de negocio. Como la competencia era intensa, las deudas crecieron sin parar y la extracción de anchoveta fue cada vez mayor, resultando en una industria sobrecapitalizada. Cada año las capturas sumaban entre diez y doce millones de toneladas, y fue entonces cuando sobrevino el colapso de la industria pesquera nacional (Zapata, 2018, p. 127).
Debido a causas controvertidas, cada cierto número de años los vientos alisios del sur dejaron de soplar hacia la costa sudamericana. Como consecuencia, el agua perdió su movimiento habitual, lo que provoca que aguas cálidasprovenientes de Oceanía se dirijan hacia Sudamérica. Estos fenómenos del Niño suelen venir acompañados de fuertes lluvias en el norte del país. En 1972 y 1973, las inundaciones llegaron, pero lo más grave fue que la anchoveta se alejó del mar. Durante el año 1972, la biomasa marina, incluyendo la anchoveta, empezó a decaer. Como los industriales debían elevadas sumas a los bancos, trataron de pescar todo lo que fuera posible. Aun así, las exportaciones de 1972 fueron apenas menores a las de años anteriores (Zapata, 2018, p. 128).
La catástrofe sobrevino en 1973, el año de la expropiación, cuando la pesca de anchoveta descendió a menos de una octava parte del volumen habitual. La estatización de la pesca fue liderada por el general Javier Tantaleán. En ese momento, el sector pesquero duplicaba el patrimonio y casi el 60% de la deuda era con la banca estatal o asociada, lo que facilitaba la expropiación, ya que los industriales privados le debían directamente al Estado. Para Tantaleán, lo óptimo era que la mayoría de los sectores productivos estuvieran en manos del Estado. La estatización de la pesquería tenía como objetivo reorganizar la industria y generar nuevos ciclos de crecimiento sano. No obstante, Tantaleán también buscó incrementar la extracción de la anchoveta (Zapata, 2018, p. 128).
En sesión de gabinete del 14 de febrero de 1973, Tantaleán informó que el Instituto del Mar (IMARPE) recomendaba reducir la pesca, pero su opinión era contraria. Al expropiar a industriales peruanos que se habían levantado desde las clases medias, la estatización careció de justificación ideológica clara y motivó agrias confrontaciones. En el seno del gabinete, el ministro de Marina, almirante Luis Vargas Caballero, acompañado del contralmirante Ramón Arróspide, se opuso, exponiendo sus argumentos a fines de abril e inicios de mayo de 1973. Sostuvieron que la estatización era un grave error porque provocaría un recorte de la inversión privada y advirtieron de la intranquilidad entre la oficialidad de las FFAA, que temía que el gobierno se desviara hacia el comunismo (Zapata, 2018, p. 129).
En los meses que siguieron, varios estudios sobre la pesca criticaron la valorización del patrimonio de los empresarios privados, y algunos críticos del gobierno argumentaron que se había pagado en exceso. La izquierda militar apoyó a Tantaleán sin fisuras; tanto Fernández Maldonado como Rodríguez Figueroa sostuvieron que debía otorgarse autorización para que Tantaleán ejecutara la estatización y se anunciara al país. En el debate, el general Mercado Jarrín y el ministro de Economía, general Morales Bermúdez, plantearon que se debían definir áreas para el Estado y abrir el resto a la inversión privada. Velasco reaccionó áspero y defendió el plan de estatizaciones, argumentando que una revolución no anunciaba sus planes para llevarlos a cabo. Planteó luego, en la segunda sesión, revisar el plan de gobierno y nombrar una comisión de ministros para desarrollar las ideas, cuya publicación final resultó en el llamado Plan Inca, presentado en 1974. Apenas se emitió el Decreto Ley de estatización de la pesca, los grandes diarios de oposición y las asociaciones de empresarios se pronunciaron en contra. Aunque la norma salvaba a los industriales pesqueros de la ruina y se les pagaba, la prensa de derecha y los gremios empresariales consideraron que la estatización contradecía las leyes de inversión privada. Por otro lado, la estatización de la pesca fue defendida por medios como Expreso, La Nueva Crónica y la revista Oiga. El semanario Unidad también apoyó la medida, y un vocero trotskista le otorgó un apoyo crítico (Zapata, 2018, pp. 130-132).
El balance final quedó claro en los años siguientes: el gobierno expropió en el peor momento de la industria, cuando esta ya estaba colapsando. En medio de la catástrofe ecológica, el ministro de Pesquería aplicó una política de máxima presión sobre el recurso, lo que contribuyó al desplome de la industria. Aunque algunos empresarios fueron salvados por la estatización, los trabajadores tuvieron que soportar la quiebra del sector y la posterior privatización de la flota pesquera por el gobierno de Morales Bermúdez en 1976 (Zapata, 2018, pp. 132-133).
Referencias
Del Busto Duthurburu, J. A. (2019). Tupac Yupanqui. Descubridor de Oceanía. Ediciones Lux.
Zapata, A. (2018). La Caída de Velasco. Lucha política y crisis del régimen. Penguin Random House, pp. 126, 127, 128, 129, 130, 131, 132 y 133.
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