Los retos del siglo XXI

Columna: Disruptor Global

Nota. Adaptado de Futuristic Green City [Ilustración digital], por autor desconocido, s.f., Pixabay. Dominio público.




Por: Marco Roncagliolo

La humanidad enfrenta a tres enemigos comunes que son: la guerra nuclear, el cambio climático y la disrupción tecnológica. se enfrenta actualmente a una serie de desafíos existenciales que definen nuestra era, comenzando por el 1. Reto nuclear, el cual ha cambiado la naturaleza fundamental de la guerra y la política, haciendo que nuestra supervivencia depende de la prevención de un conflicto de este tipo por encima de los intereses nacionales, dado que el conocimiento para enriquecer uranio y plutonio sigue vigente (p. 137). A esto se suma el 2. Reto ecológico, una amenaza que ya no es potencial sino una realidad actual donde las emisiones de gases de efecto invernadero provocan un cambio climático alarmante con el aumento de temperaturas globales por encima de los 2 °C, causando la expansión de desiertos, la desaparición del casquete polar, el incremento del oceano y la incicendcia de eventos meteorologicos (p. 137, 139); aunque avances como la "carne limpia" cultivada a partir de células podrían ayudar a reducir el gasto de 15,000 litros de agua por kilo de res, el aislacionismo nacionalista impide una solución efectiva global (p. 140, 141, 142). Seguidamente, el 3. Reto tecnológico plantea que las tecnologías disruptivas y la IA podrían cambiar la esencia humana, pasando de la evolución orgánica al diseño inteligente, donde incluso la conciencia podría surfear por el ciberespacio (p. 143, 144); dentro de este marco, destaca el impacto en el 4. Trabajo y seguridad, donde la automatización mediante coches autónomos promete reducir en un 90 % las 1.25 millones de muertes anuales causadas por errores humanos como el alcohol o la distracción (p. 43). Advierte Yuval Noah Harari que dentro de un siglo o dos, la biotecnología y la IA podrían resultar en características corporales, físicas y mentales (p. 144). Advierte Yuval Noah Harari: «Si a pesar de estas amenazas comunes los humanos deciden anteponer sus lealtades nacionales particulares a lo demás, las consecuencias pueden ser mucho peores que en 1914 y 1939» (p. 146). Para el Perú, los retos ambientales y tecnológicos se manifiestan en cifras alarmantes: según el SENAMHI, entre 1990 y 2020 el nivel del mar aumentó entre 4 y 6 cm, mientras que en el ámbito digital, las 14,671 denuncias por delitos informáticos en 2021 evidenciaron la vulnerabilidad del ecosistema frente a la criminalidad. Ante este escenario, el Estado ha respondido con una gobernanza climática y tecnológica robusta, destacando la ratificación del Acuerdo de París en 2016 y la Estrategia Nacional ante el Cambio Climático al 2050 (Decreto Supremo N.° 029-2018-PCM), que busca la neutralidad de carbono y la resiliencia poblacional, complementada por la sólida trayectoria investigadora en la base Machu Picchu en la Antártida (Oceana, 2024). Paralelamente, el avance hacia la transformación digital se consolidó con el Decreto Supremo N.° 115-2025-PCM, que reglamenta la Ley N.° 31814, estableciendo un marco ético para la inteligencia artificial que exige análisis de impacto obligatorios en sistemas de alto riesgo —como salud y banca— para prevenir sesgos y discriminación (Presidencia del Consejo de Ministros, 2025), logrando así un equilibrio entre la adopción de tecnologías disruptivas, como las expuestas en el SITDRONE 2025, y la protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos.




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