Bertrand Rusell y An Outline of Philosophy

 

Nota. Adaptado de Retrato de Bertrand Russell, por B. Russell, 1930, Wikimedia Commons (https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bertrand_Russell_1930.jpg).



Por: Marco Roncagliolo



Bertrand Russell nació en Trelleck, Inglaterra, el 18 de mayo de 1872. Él es reconocido como el líder en matemática y filosofía de nuestro tiempo. An Outline of Philosophy es una de las obras conocidas donde Bertrand Russell muestra el mundo moderno de la ciencia. A través del Outline o Esquema, el autor hace un recorrido por sus obras reconocidas: Principia Mathematica, The Analysis of Mind, The ABC of Relativity, Marriage and Morals, A History of Western Philosophy, Education and the Good Life y Mysticism and Logic. El libro está dividido en cuatro partes: Man from Without, The Physical World, Man from Within y The Universe.


“An Outline of Philosophy” fue publicado en 1927 por la editorial George Allen & Unwin Ltd., en la ciudad de Londres. Durante ese tiempo, el desarrollo de la física cuántica y la teoría de la relatividad estaban transformando a la humanidad. El libro fue reeditado en varias ocasiones por Meridian Books en 1960 y en 1962, en Cleveland, Ohio, Estados Unidos. Recientemente, AbeBooks realizó una edición moderna en el año 2009.


De acuerdo con Bertrand Russell, un buen filósofo debe ser “un hombre que tiene deseos intensos de conocimiento, combinado con una gran cautela en creer lo que él sabe; él debe tener una agudeza lógica y el hábito de pensamiento exacto. La vaguedad, de forma particular, pertenece, en algún grado, a todo el pensamiento humano; nosotros podemos aminorarla indefinidamente, pero nunca podremos abolirla por completo. [...] La filosofía debe ser un pedazo de comida y provisional como la ciencia; las verdades finales pertenecen al cielo, no a este mundo”. Así que, procedamos a ver algunos aspectos de la obra de Russell:



En el Capítulo I: Dudas Filosóficas, Russell explica que la definición de esta disciplina varía según la postura que se adopte, pero siempre nace de un intento por "alcanzar el conocimiento real" mediante la crítica de nociones como el espacio y el tiempo, ya que sus errores producen "confusión en la ciencia" y "daño en la ética y la política" (Russell, 1962, pp. 1-2). Sostiene que para ser un buen filósofo se requiere un "fuerte deseo de saber, combinado con una gran cautela al creer que ya se sabe", buscando siempre "sustituir" las creencias ordinarias por un conocimiento preciso (Russell, 1962, pp. 2-3).


Posteriormente, en el Capítulo II: El Hombre y su Entorno, se plantea una "visión puramente externa del conocimiento", entendiéndolo como una respuesta a estímulos que ocurre en cuatro etapas: desde el mundo físico hasta los procesos cerebrales y la reacción muscular (Russell, 1962, pp. 21-25). Esta idea se expande en el Capítulo III: La Base del Realismo, donde se advierte que el "realista ingenuo" cree ver el color verde en el pasto, mientras que el físico demuestra que "la verdeidad está en su propio ojo y cerebro"; por ello, es vital "distinguir entre el evento que percibimos y el evento que es la causa de nuestra percepción" (Russell, 1962, pp. 34-35).


En el Capítulo IV: La Naturaleza de la Materia, se rechaza la vieja idea de la materia como "trozos sólidos" para definirla como "eventos agrupados en el espacio-tiempo", calificando el concepto de "sustancia" como un "error metafísico" (Russell, 1962, pp. 42-43). Esta estructura física se detalla en el Capítulo V: La Estructura del Átomo, donde el átomo deja de ser indivisible para ser visto como un sistema complejo de "núcleo y electrones" cuya identidad depende de su "número atómico" (Russell, 1962, pp. 48-51).


Respecto a la metodología científica, el Capítulo VII: Las Leyes de la Física aclara que estas no son mandatos, sino "promedios estadísticos" que no predicen el comportamiento individual (Russell, 1962, p. 78), mientras que el Capítulo IX: El Principio de Inducción defiende que la creencia en que el futuro será como el pasado es una "necesidad biológica" e indispensable para la ciencia, aunque sea "incapable de una prueba lógica" (Russell, 1962, pp. 99-103). En el Capítulo XII: El Lugar del Hombre en el Universo, Russell concluye que, aunque astronómicamente somos un accidente, desde el punto de vista de la mente el "Hombre es el espejo del universo", siendo la única parte capaz de entender el todo (Russell, 1962, p. 131).


Al tratar el razonamiento en el Capítulo XX: La Validez de la Inferencia, el autor define que una inferencia es válida si, siendo las premisas verdaderas, la conclusión también lo es, aunque advierte que el "silogismo no es el único tipo de inferencia válida" (Russell, 1962, pp. 180-183). En el Capítulo XXII: Ética, define esta rama como el "intento de encontrar una base racional para nuestros deseos", señalando que algo es "bueno" si satisface un deseo y que lo correcto o incorrecto son conceptos con un propósito social (Russell, 1962, pp. 203-209).


Finalmente, el Capítulo XXIV: Algunos Grandes Filósofos del Pasado rinde homenaje a figuras como Descartes, el "padre de la filosofía moderna", y a Spinoza, el más "noble y amable", quien concibió al universo como "Dios o Naturaleza" (Russell, 1962, pp. 228-230). El libro cierra en el 

Capítulo XXVI: Conclusión, afirmando que el valor de la filosofía reside en su incertidumbre, pues nos "libera de la tiranía de la costumbre" y nos enseña a "vivir sin certeza y, sin embargo, no ser paralizado por la duda" (Russell, 1962, pp. 239-242).


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