Personajes de la Edad Media
Nota. Adaptado de Donne, Madonne, Mercanti e Cavalieri. Sei storie medievali, por Alessandro Barbero, 2015, Laterza (
Por: Marco Roncagliolo
El libro Donne, Madonne, Mercanti e Cavalieri. Sei storie medievali (2015) es una de las tantas obras de Alessandro Barbero, profesor de la Universidad de Piemonte. Su interés por la Edad Media surge de rescatar a personas reales; el objetivo de Barbero lo explica en una entrevista: «la historia no es esa cosa aburrida que rischia di sembrare a scuola, es en cambio una manera de entender cómo funcionan los mecanismos decisionales de los seres humanos».
A su vez, Alessandro Barbero es un divulgador en YouTube de conferencias donde explica acerca de las diversas etapas de la historia mundial. Las explicaciones, libres de academicismo, desmontan mitos y llegan a millones de personas que desean conocer el pasado medieval. A continuación, hagamos un recuento de la vida de Salimbene da Parma, Dino di Compagni, Cristina de Pizán y Juana de Arco.
Salimbene de Parma, el fraile
Salimbene de Parma fue un cronista y fraile franciscano nacido en Parma, procedente de una familia noble de caballeros. Cuando su padre, Guido de Adam, supo que había ingresado en la orden franciscana, escribió incluso al emperador para intentar impedirlo, aunque sin éxito. Salimbene destacó por su vasta cultura, su curiosidad y su necesidad de dejar por escrito todo cuanto observaba; en una época en la que las anotaciones y referencias bíblicas exigían una cuidadosa justificación debido al elevado costo de los manuscritos, su labor como predicador requería además un amplio conocimiento de la fe, la teología, la religión, la moral y la lucha contra la herejía. En este contexto tuvo conocimiento de las ideas del abate calabrés Gioacchino de Fiore, cuya interpretación del futuro, el Apocalipsis y la figura del Anticristo ejercían gran influencia. Durante sus numerosos viajes, Salimbene llegó a conocer en Francia al rey Luis IX, a quien describe recorriendo su reino a pie y con bastón de peregrino y quien, camino a Jerusalén, pasó por un convento para pedir rezar. Su constante curiosidad lo llevó también a registrar aspectos de la vida cotidiana, como la elaboración del ravioli sin sfoglia, así como determinadas costumbres del sur de Italia, entre ellas el uso del «tú» y una particular forma de hablar desde la garganta.
Dino de Compagni: El cronista florentino
Dino Compagni fue un mercader florentino del siglo XIII, dedicado al comercio y la hacienda, cuya experiencia como hombre de negocios influyó profundamente en su visión de la sociedad y la política (pp. 12-13, 25-26). Escribió en italiano, específicamente en florentino, y su ideología estuvo marcada por los valores caballerescos, especialmente por el honor como principio central de la conducta y de la construcción del ideal de hombre en Italia (pp. 26-28). La sociedad de su tiempo se encontraba dominada por organizaciones familiares, en las que la continuidad del apellido recaía en el varón, y atravesada por el conflicto entre la antigua clase guerrera y la creciente clase burguesa; durante el siglo XIII, esta confrontación enfrentó a los sectores vinculados con la política y la guerra con el Popolo, es decir, la burguesía comercial y productiva representada por figuras como Compagni. El gobierno del Popolo se organizó mediante las artes o gremios y estableció una rotación de los cargos cada dos meses para evitar el peligro de la tiranía, mientras que los Ordinamenti di Giustizia impusieron castigos que podían extenderse a la familia de un noble que cometiera un crimen y prohibieron a los nobles ocupar cargos públicos. La política de la Florencia del Duecento se basaba, además, en una gestión colectiva y asamblearia, en la que las decisiones se tomaban por mayoría y numerosos consejos eran elegidos mediante sorteo, hasta el punto de que decisiones estratégicas militares, como la ruta para atacar Arezzo, podían ser debatidas y votadas por los ciudadanos reunidos en el Battistero (p. 36). Sin embargo, este sistema convivía con importantes intereses financieros y una profunda corrupción económica, pues los ciudadanos ricos financiaban al común a cambio de favores y el soborno era utilizado como instrumento diplomático (p. 38). Dino describió la política como una «carrera por los cargos» (gara d'uffici), en la que los gobernantes aprovechaban sus breves mandatos de dos meses para saquear el tesoro público y recompensar a sus allegados (p. 39). La ciudad también estaba dividida entre facciones, particularmente los Blancos, relacionados con sectores mercantiles y más inclinados al compromiso, y los Negros, vinculados con antiguas familias nobiliarias como los Donati y caracterizados por imponerse mediante la crueldad y la fuerza militar (p. 42). A pesar de los intentos de Dino por establecer gobiernos paritarios y equilibrados entre las facciones, la ambición desmedida de los jefes de partido hacía fracasar cualquier intento de concordia (p. 41). Finalmente, ante la ineficacia de los juramentos religiosos y de la mediación humana para detener la guerra civil, Florencia cayó en la ruina y figuras importantes, como Dante, fueron enviadas al exilio (pp. 43-44). Compagni abandonó entonces la vida política activa y depositó su esperanza en la llegada del emperador Enrique VII o en una justicia divina que castigara a los responsables de haber destruido la ciudad (pp. 44-45).
Cristina de Pizán, la Utopía Femenina
Christine de Pizan es definida como una figura excepcional por ser la primera mujer que se concibió a sí misma como una escritora de profesión, logrando ganar su sustento y alcanzar la fama a través de sus libros (P87). Educada en un ambiente intelectual como hija del médico y astrólogo personal del rey Carlos V, aprendió a leer y escribir desde niña en una casa llena de libros, contando con el apoyo de su padre pero enfrentando la incomprensión de su madre, quien prefería que se dedicara a las labores del hogar (P89). Tras quedar viuda a los veinticinco años, tuvo que afrontar una realidad hostil, describiendo en sus sueños una transformación alegórica donde su cuerpo se volvía fuerte y su voz más gruesa para poder «reparar la nave» de su familia sin ceder al llanto (P91). Esta fortaleza le permitió enfrentar catorce años de juicios humillantes para recuperar los sueldos atrasados de su marido, moviéndose entre funcionarios públicos que se burlaban de su condición de mujer sola (P92). Como profesional, no solo escribía, sino que dirigía una verdadera empresa de producción de manuscritos, donde supervisaba a copistas y miniaturistas, diseñando personalmente la iconografía de cada obra (P94). El autor subraya que Christine rompió todos los moldes de su época al ser la primera mujer en escribir un libro de historia y al redactar tratados complejos sobre política, heráldica y arte militar, ofreciendo consejos directamente a los gobernantes sobre las reformas y los impuestos del reino (P93, P94). Ella misma era consciente de su singularidad, admitiendo que su éxito con los príncipes se debía en parte a que ver a una mujer escribir tanto les resultaba algo «insólito y bizarro» (P94). Finalmente, su legado se consolida como una antesignana del feminismo al reflexionar profundamente sobre el rol femenino y escribir La ciudad de las mujeres, una obra donde defiende la importancia de la mujer para la historia y la humanidad (P99, P101).
Juana de Arco: La guerrera medieval
Alessandro Barbero presenta a Juana de Arco como una figura de fama universal, comparándola con otras mujeres de la época (p. 87). Su historia surge en una Francia devastada por la Guerra de los Cien Años y la derrota en la batalla de Azincourt, donde el rey de Francia, Carlos VI, en medio de su locura, desheredó a su propio hijo, el delfín Carlos, para reconocer al rey de Inglaterra como heredero (pp. 97-98). En esta crisis, el país se dividió entre los seguidores del delfín y los aliados de Inglaterra, vinculados a los duques de Borgoña en una guerra civil atroz (p. 98). Juana, una campesina de Lorena, logró convencer al delfín de su misión divina tras escuchar voces celestiales, liderando al ejército hacia la victoria en Orleans y conduciéndolo a Reims para ser consagrado rey (pp. 99, 102). Este éxito fue celebrado por la escritora Christine de Pizan, quien en su última obra describió a Juana como la prueba de que el honor del sexo femenino había sido vengado (pp. 96, 101). Sin embargo, tras ser capturada por los borgoñones y vendida a los ingleses, Juana enfrentó un proceso de la Inquisición dirigido por teólogos enemigos (pp. 103-104). Finalmente, fue acusada de que sus voces eran demoníacas y de cometer el «abominio» de vestir ropas de hombre, siendo ejecutada en la hoguera en 1431 (pp. 105-106).
Referencia
> Barbero, A. (2013). Donne, madonne, mercanti e cavalieri: Sei storie medievali. Laterza. pp. 87-106.
Comentarios
Publicar un comentario